Sentado
desde su sillón, con las pantuflas, las medias con dibujitos, el mate amargo en
la mano y el volumen bien alto miraba el partido. Tempranamente jubilado se fue
adaptando como todos a todo. No podía dejar de gritarle a la pantalla cada falta, cada tiro libre, cada
penal, cada jugada en posición adelantada… pero eso ya no se usaba. Eso era
parte del pasado.
Los
únicos que estaban dentro de la cancha “como corresponde”, dijeron los medios
de comunicación en aquel momento, eran los jugadores. Ya no eran necesarios
aquellos hombrecitos con silbato, remeras flúor, banderas en los laterales, ni
tarjetas de colores. Era obvio que el var se encargaría a la perfección de
llevar a cabo esta simple tarea. Los costos a la larga son menores. Por eso,
aquel ex- arbitro miraba el partido desde su cómodo sillón, siempre con
melancolía recordando “aquellos tiempos”.
-Bárbara
Adamo
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